La iniciativa Plaza Ñuñoa Zero ha permitido recuperar en promedio 12 toneladas de residuos orgánicos al mes, transformándolos en compost que vuelve a los propios establecimientos del barrio.
El proyecto busca convertirse en un referente para otros barrios turísticos y gastronómicos del país.
Como una experiencia concreta de economía circular y colaboración público-privada fue destacado el proyecto Plaza Ñuñoa Zero, durante la visita que realizó la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, a este barrio gastronómico de la comuna de Ñuñoa.
La autoridad recorrió el sistema de gestión y valorización de residuos implementado por los locatarios de restaurantes, bares y cafeterías de Plaza Ñuñoa, iniciativa apoyada por Corfo Metropolitano que durante el último año ha permitido recuperar y transformar en compost un promedio de 12 toneladas de residuos orgánicos al mes.
El proyecto busca avanzar hacia un nuevo modelo de gestión de residuos para barrios gastronómicos y turísticos, donde los desechos generados por los propios establecimientos se convierten en un recurso que vuelve al territorio. Actualmente, el compost producido es utilizado en los jardines de los locales y también puesto a disposición de sus clientes.
“Las Fiestas Patrias son un periodo de celebración, pero también un tiempo en que aumentan considerablemente los residuos y debemos hacernos cargo de esa realidad. Por eso tiene tanto sentido el proyecto Plaza Ñuñoa Zero, porque es un ejemplo de colaboración entre el Estado y la empresa privada y muestra el esfuerzo colaborativo de los propios locatarios, lo que es clave, ya que en Chile menos del 1% de los residuos orgánicos se valoriza”, destacó la ministra Toledo.
Desde Corfo, la iniciativa es valorada como un ejemplo de cómo la articulación entre empresas, organizaciones y actores públicos puede generar soluciones que contribuyen simultáneamente a la sostenibilidad y al desarrollo productivo de los territorios.
“Para Corfo es muy importante apoyar este tipo de proyectos, en especial este de Plaza Ñuñoa, porque ayuda a generar redes entre las distintas entidades, empresas y proyectos, ya sean públicos o privados, lo que se traduce en aumentar la productividad de la Región Metropolitana. Y esto con un foco muy relevante en economía circular”, sostuvo Camila Mönckeberg, directora regional de Corfo Metropolitano.
El sistema comienza con la separación de los residuos orgánicos en los propios establecimientos que manejan alimentos. Estos son almacenados en bolsas específicas para compostaje y posteriormente retirados por recicladores de base, quienes los trasladan hasta el punto limpio de Plaza Ñuñoa, entregado en comodato por la Municipalidad.
En este espacio, los residuos son procesados y transformados en compost, cerrando un ciclo que permite que parte de los recursos generados por la actividad gastronómica permanezcan en el propio territorio.
El alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, destacó el impacto que esta iniciativa puede generar para el barrio y sus establecimientos. “Chile tiene un tremendo desafío: tratar su basura orgánica. Es bien extraño, porque botamos a la basura algo que tiene un valor gigantesco. Acá en la Plaza Ñuñoa queremos cambiar la historia y este proyecto nos hace sentido por tres razones: porque nos ayuda a gastar menos plata en recolección, porque produce biofertilizantes y porque permite asociatividad entre todos”, señaló.
En esta experiencia también ha sido fundamental el trabajo asociativo desarrollado por los propios actores del territorio, entre ellos la Asociación Gremial Barrio Plaza Ñuñoa y la Cámara de Comercio, Turismo y Emprendedores de Ñuñoa, que han impulsado la participación de los establecimientos del sector.
Un modelo con potencial de réplica
En Chile, el 58% de los residuos sólidos municipales provenientes de los hogares corresponde a materia orgánica, mientras que menos del 1% es valorizado. En este contexto, Plaza Ñuñoa Zero representa una experiencia concreta para avanzar hacia modelos de economía circular que permitan reducir residuos, generar nuevos usos para los recursos y fortalecer la colaboración entre los distintos actores de un territorio.
El desafío es ahora consolidar esta experiencia y explorar su potencial de réplica en otros barrios gastronómicos y turísticos del país.