La iniciativa corresponde a un proyecto del programa Bienes Públicos de Corfo y apunta a mejorar la productividad y rentabilidad de los sistemas vitivinícolas y ganaderos, reducir su impacto ambiental y generar nuevas alternativas de adaptación al cambio climático para los productores de Ñuble.
Autoridades de Agricultura y Medio Ambiente, junto a representantes de la Universidad de Concepción y de la Cooperativa COOVICEN, se reunieron en el sector de Cerro Negro, comuna de Quillón, para conocer los avances de un proyecto que busca revalorizar el orujo de uva —subproducto generado tras la vendimia— y evaluar su uso en la alimentación animal.
La iniciativa busca desarrollar una estrategia sostenible para el aprovechamiento de este subproducto en Ñuble, generando alternativas que permitan mejorar la productividad de los sistemas ganaderos y vitivinícolas, aumentar la rentabilidad de los productores y disminuir el impacto ambiental asociado a su disposición. A su vez, apunta a diversificar la matriz productiva regional y contribuir a la adaptación de estos sectores al cambio climático.
El proyecto, mandatado por la Seremi de Agricultura, corresponde a un Bien Público de Corfo, financiado a través del programa Desarrollo Productivo Sostenible, y ejecutado por un equipo de investigadores de la Universidad de Concepción. Actualmente se encuentra en etapa de transferencia y difusión de sus primeros resultados entre productores del territorio.
“Nos encontramos en la comuna de Quillón viendo los resultados de un proyecto en que la Seremi de Agricultura es el mandante y que ejecuta la Universidad de Concepción. Consiste en ocupar un subproducto de la vinificación, que en este caso es el orujo de uva, para ver cómo se puede utilizar en beneficio del consumo animal o humano. Esperamos darle un valor agregado que mejore la rentabilidad de este rubro para nuestros productores del Valle del Itata. Como Ministerio estamos siempre dispuestos a apoyar proyectos que traigan un beneficio directo a nuestros productores, para que el campo siga produciendo y para encantar a las nuevas generaciones con la agricultura regional”, señala el Seremi de Agricultura, Juan Luis Enríquez.
Una alternativa para alimentar al ganado
Los primeros ensayos muestran resultados favorables para el uso del orujo de uva en la alimentación animal. Según explica el profesor Rodrigo Allende, investigador de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Concepción, en corderos, incorporar hasta un 20% de orujo seco en su dieta no afectó su crecimiento ni su salud digestiva. Además, los animales necesitaron entre un 8% y un 10% menos de alimento para alcanzar resultados similares y obtuvieron un rendimiento en faena 1,5% mayor.
El proyecto también está evaluando si su utilización puede contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la calidad de la carne.
“Los resultados son muy positivos y nos permiten dar un paso más. Ahora queremos probar esta alternativa en novillos y caprinos de leche, para ampliar sus posibilidades de uso y llevar una solución concreta a los productores”, destacó el investigador.
La seremi del Medio Ambiente de Ñuble, Angélica Cuevas, resaltó el aporte de la iniciativa a la economía circular. “Como Ministerio del Medio Ambiente valoramos mucho este tipo de iniciativas, porque nos permiten avanzar concretamente hacia una economía circular, donde aquellos subproductos que antes podían ser considerados un residuo hoy pueden transformarse en un recurso y tener una nueva utilidad. En este caso, el aprovechamiento del orujo de uva abre oportunidades para la viticultura y también para la ganadería local. Esto va justamente en la línea de REgenera Chile, nuestra nueva Agenda Nacional de Economía Circular, que busca reducir, reutilizar, reciclar y revalorizar nuestros recursos, generando nuevas oportunidades y avanzando hacia una producción cada vez más sustentable”.
El proyecto continuará con nuevos ensayos y actividades de transferencia junto a cooperativas y productores del Valle del Itata, con miras a ampliar la evaluación del uso del orujo de uva y avanzar en su aprovechamiento como un recurso para distintos sistemas productivos. De esta forma, la iniciativa busca conectar dos actividades relevantes para el territorio —la vitivinicultura y la ganadería—, generando nuevas oportunidades económicas a partir de un subproducto disponible localmente y promoviendo prácticas productivas más sostenibles.