La iniciativa colaborativa “Estación Verde Plaza Ñuñoa Zero”, apoyada por Corfo, demuestra cómo la asociatividad entre locatarios puede transformar un problema ambiental en una oportunidad económica, productiva y de gestión, posicionando al barrio como referente en sostenibilidad urbana.

Lo que partió como una experiencia impulsada por un pequeño grupo de locales gastronómicos hoy se consolida como un caso concreto de economía circular en acción. El proyecto “Red Asociativa Estación Verde Plaza Ñuñoa Zero” ha logrado recuperar cerca de 20 toneladas de residuos orgánicos, gracias al trabajo colaborativo y sostenido de empresarios del Barrio Plaza Ñuñoa.

La iniciativa refleja un cambio profundo en la forma en que el sector aborda la gestión de sus residuos. En pocos meses, los resultados son evidentes: la recolección creció desde cerca de 300 kilos en enero a más de 6.000 kilos solo en abril, dando cuenta del compromiso creciente de los actores del territorio.

Este avance ha sido posible gracias a la asociatividad, que también se expresa en el aumento de locales adheridos, pasando de 3 a 15, e integrando progresivamente a nuevos rubros más allá del sector gastronómico.

Desde el propio ecosistema local destacan que el principal valor del proyecto ha sido la colaboración. “Este proyecto demuestra que cuando las organizaciones, los emprendedores y las instituciones trabajan de manera colaborativa, es posible generar cambios concretos y sostenibles”, señaló Hugo Córdova, presidente de la Cámara de Comercio, Turismo y Emprendedores de Ñuñoa.

De residuo a recurso: impacto ambiental y económico

Uno de los hitos más relevantes del proyecto es su capacidad de valorización. Durante estos meses, se recolectaron cerca de 20.000 kilos de residuos orgánicos, los que se transformaron en aproximadamente 2.000 kilos de compost, evitando su disposición en vertederos y reduciendo emisiones de CO₂ y CH₄.

Este proceso no solo tiene impacto ambiental: también abre una oportunidad económica concreta. El compost generado será distribuido en formatos de 2,5 kg y comercializado, con una proyección de ingreso bruto cercana a $1.800.000 bimensuales, demostrando que la economía circular puede traducirse en nuevos flujos de negocio para el comercio local.

Marcelo Leyton, presidente de la Asociación Gremial Barrio Plaza Ñuñoa, destacó que “estamos impulsando un cambio cultural que va mucho más allá del reciclaje, donde los residuos dejan de ser un problema para convertirse en una oportunidad para el desarrollo del barrio”.

Capacitación y cambio cultural: la base del modelo

Uno de los factores clave, aunque menos visibles, en el éxito del proyecto ha sido el proceso de capacitación y transformación interna de los equipos de trabajo.

Más de 100 trabajadores de los locales adheridos han sido capacitados en la correcta gestión de residuos orgánicos, aprendiendo a separar, clasificar y manejar los desechos, además de coordinar procesos logísticos como tiempos de retiro, almacenamiento e insumos.

Esta etapa ha sido clave, considerando que una incorrecta separación impide la recolección y valorización de los residuos, lo que obliga a generar estándares comunes y una cultura compartida entre los distintos actores del barrio.

Más allá del impacto ambiental, este proceso ha generado beneficios concretos para las empresas, al permitir optimizar sus operaciones, mejorar la gestión de insumos y avanzar hacia un uso más eficiente y consciente de los alimentos, reduciendo pérdidas y maximizando recursos.

Apoyo institucional y proyección

El desarrollo de este modelo ha sido acompañado por Corfo Metropolitano, a través de su programa Red Asociativa, que busca fortalecer la competitividad de empresas mediante la colaboración. Asimismo, la iniciativa cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Ñuñoa, que facilitó en comodato el espacio donde se instaló el punto limpio tecnificado, infraestructura clave para la operación del sistema.

Este punto limpio incorpora tecnología para la gestión de residuos orgánicos —financiada con apoyo de Corfo—, permitiendo optimizar los procesos de recolección y valorización en un entorno urbano de alta densidad comercial como Plaza Ñuñoa.

“Este proyecto refleja el valor de la asociatividad para abordar desafíos complejos como la gestión de residuos, pero también demuestra cómo la economía circular puede transformarse en una oportunidad real de desarrollo. Aquí vemos a empresas que están innovando, haciendo las cosas de manera distinta y convirtiendo sus residuos en un recurso con valor, lo que les permite mejorar su gestión, crecer y abrir nuevas oportunidades de negocio. Este tipo de iniciativas no solo generan impacto ambiental, sino que también aportan al desarrollo productivo, la creación de mejores empleos y al crecimiento sostenible del país”, señaló el director regional (s) de Corfo Metropolitano, Ben-Hur Leyton.

De cara a su continuidad, la iniciativa proyecta consolidar su impacto mediante:

La incorporación de nuevos locales y actores estratégicos
La reducción progresiva de residuos orgánicos
El fortalecimiento de su modelo de valorización
La incorporación de nuevas tecnologías

Con estos avances, Plaza Ñuñoa Zero se posiciona como un ejemplo de cómo la colaboración empresarial puede transformar procesos productivos y generar valor sostenible, proyectándose como un modelo replicable para otros barrios del país.